No es un final, es un principio

La despedida de un pasado por un tiempo desconocido ha sido más complicado de lo que pensaba. Era curioso que según se acercaba el momento que marcaba el billete de avión, me iba poniendo más y más nerviosa. Esos nervios sólo se los trasladaba a mis mejores amigos, a mi familia no podía porque bastante tenían ellos.

He de decir también que no he dudado nunca de la decisión que había tomado en Perú. Cuando yo desde Perú me quería quedar más tiempo estaba insitu, con la gente que en ese momento estaba y luego se iba; todo era muy fácil. Pasar 5 meses lejos de ese entorno podía haberme cambiado de idea pero no fue así. Es impresionante cómo cuando tomas decisiones firmes y seguras no cambian por muy bien que te vaya en otro lugar, cuando los cambios se hacen desde el corazón hay menos posibilidades de cambio como si las haces con la cabeza.

Quise hacer una despedida grupal en un local porque no quería alargar mucho ese momento en el que cuentas a las personas que te importan cómo te sientes. Ese día estaba alucinando todo el rato, fue más gente de la que pensaba y todos me dieron mucha fuerza de seguir adelante.

Los últimos días la sensación que tenía era de vértigo pero sólo si miraba hacía atrás, cuando miraba hacía delante venía un camino indeciso pero con muchas oportunidades de vivir. Es la decisión más difícil y a la vez más feliz que he decidido nunca.

He llegado ya al sitio que conocí hace medio año, todo sigue igual. Hace más calor y en la playa hay más vida pero la sensación que tuve sigue de la misma manera. Ahora incluso me siento mejor, vengo con un propósito que quiero conseguir. Eso sí, media cabeza sigue en toda las personas que he dejado en Madrid.

No hay comentarios

Haz un comentario